Fomentemos la diversificación económica desde las regiones colombianas: respuestas a la crisis socioeconómica por Coronavirus

Editorial
Por: Equipo CFRC
19/05/20

La pandemia por Coronavirus está detonando una crisis sanitaria, económica y social en Colombia y en el mundo sin precedentes. Los pronósticos indican que se avecina una fuerte recesión económica. Esta emergencia llevará a la mayor contracción de la economía en la historia de América Latina y el Caribe desde que se tienen registros (1900), con una caída del 5,3% en el 2020. La economía colombiana, por su parte, caería en un 5,5% durante este año, llevando a la pérdida de 1,9 millones de empleos. Esto se debe a que nuestra economía tiene una gran dependencia en la exportación de hidrocarburos y, a raíz de la pandemia, los precios internacionales del petróleo han caído de manera crítica. La vulnerabilidad económica ante esta nueva crisis por la COVID-19 nos está demostrando la importancia de diversificar los aparatos productivos del país.

 

Por otro lado, según el DANE, Colombia cuenta con una tasa de informalidad del 47,9%, esta cifra revela que la mitad de los colombianos han perdido sus principales fuentes de ingresos durante la cuarentena. Las familias que se desempeñaban en la informalidad no tienen con qué satisfacer sus necesidades básicas, por lo que, para manifestar que requieren apoyo, se ha vuelto común poner pañuelos rojos en las ventanas. La mayoría de sectores productivos también se han visto seriamente afectados, gran parte de las empresas están trabajando con el mínimo de su capacidad, por lo que tienen dificultades para cumplir con el pago de su nómina y de sus obligaciones financieras. Ante la gravedad de este escenario, varios sectores han solicitado fervientemente al gobierno la reapertura de la economía. Sin embargo, no podemos cometer los errores del pasado y propiciar una reactivación económica a partir de la degradación de los recursos naturales de nuestras regiones y de la vulneración de los derechos de las comunidades. 

Los efectos de los actuales modelos económicos de producción y consumo

 

Los modelos económicos de producción y consumo, que permitieron el desarrollo de la sociedad contemporánea, están fundamentados en la quema de combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón), los cuales emiten gases de efecto invernadero (de ahora en adelante GEI) que provocan un aumento en la temperatura de la Tierra y, con ello, el cambio climático producido por la humanidad. Si bien los GEI son fundamentales para la vida, puesto que sin ellos tendríamos un planeta congelado, bajo una concentración demasiada alta la temperatura podría llegar a niveles con los cuales la Tierra se volvería inhóspita para albergar vida. En este sentido, continuar fomentando un crecimiento económico ilimitado, sin considerar los límites que el planeta nos impone para este crecimiento, tendría unos efectos devastadores para toda la humanidad.

 

Aunque el cambio climático es un fenómeno global, sus efectos no son proporcionales en todos los rincones del planeta. Quienes producen la mayor huella ecológica son los habitantes de países desarrollados, entre mayor es el ingreso per cápita de una región, mayor es su huella sobre el ambiente. Sin embargo, la emisión de GEI y el incremento de la temperatura de la tierra producen variados eventos climáticos como veranos o inviernos extremos y quienes se ven más afectados por ello son poblaciones vulnerables ubicadas en zonas inestables de países en desarrollo. Esta injusticia climática se ve reflejada en el caso de Mocoa, Putumayo, que en la noche del 31 de marzo de 2017 presenció lluvias torrenciales, como pocas veces se ha visto en su historia, las cuales produjeron deslizamientos y la total destrucción de 5 barrios. Estas precipitaciones extremas se asociaron al cambio climático, a pesar de que en esta región no se realicen contribuciones de emisión de GEI significativas. Según el IDEAM, todos los municipios de Colombia presentan algún nivel de riesgo y vulnerabilidad frente al cambio climático. 

 

El modelo extractivista, centrado en el uso de combustibles fósiles, tiene efectos no solamente ambientales, sino también sociales en el país. Las actividades extractivas han victimizado históricamente a las comunidades que se les han opuesto. Ha sido común la intimidación y el despojo de las comunidades de sus regiones con el fin de facilitar megaproyectos para la extracción legal e ilegal de recursos, generando rupturas en el tejido social y en su identidad misma. Esto se debe a que, para múltiples pueblos, el territorio se constituye como el principal ámbito de sustento y de reproducción de su vida cultural, social y política y, por consiguiente, es el referente primordial de su identidad

 

Otras actividades económicas como la ganadería, la agricultura a pequeña y a gran escala o la minería también han causado estragos en nuestros territorios como la deforestación del 20% de los bosques de la Amazonía. Estos bosques son fundamentales para Colombia y para América Latina, dado que son reguladores del clima local y global y proveen agua, materias primas, medicinas, servicios culturales y otros recursos fundamentales para la supervivencia humana. Durante la pandemia, Corpoamazonia ha manifestado que se está aprovechando el aislamiento obligatorio para quemar la selva amazónica con el fin de cambiar el uso del suelo, provocando graves daños en áreas naturales de importancia estratégica que son el hogar de 26 etnias indígenas.

Ilustración 1. Vista de los bosques del Guaviare deforestados tomada en tiempos de Coronavirus

Foto: Rodrigo Botero para Semana Sostenible

Oportunidades de fomentar modelos económicos alternativos desde las regiones de Colombia

 

La necesidad imperante de fomentar la descarbonización de los sistemas de producción y consumo representa una oportunidad para implementar políticas y medidas con un enfoque de desarrollo sostenible que diversifiquen la economía y edifiquen sociedades más resilientes ante crisis mundiales como la actual. Para ello, es importante promover visiones latinoamericanas de desarrollo como el “Buen Vivir” o el “Sumak Kawasay” de la cosmovisión de las comunidades indígenas, con el cual el desarrollo adopta un nuevo significado, el de la equidad y la sustentabilidad, que propicia modelos económicos alternativos para hacer frente a los problemas estructurales de las regiones colombianas; o el “Posdesarrollo”, que busca favorecer el desarrollo económico desde lo local, a partir de la recuperación del conocimiento, la economía y la territorialidad de las comunidades. Estos modelos económicos alternativos deben estar fundamentados en la cultura, los valores y los conocimientos ancestrales de los pueblos y en las posibilidades de aprovechamiento sostenible de los recursos naturales de las regiones.

 

En Colombia son múltiples las oportunidades de desarrollar estos modelos alternativos para transitar hacia un crecimiento económico sostenible. Por ejemplo, existen los resguardos indígenas en el Amazonas y las propiedades colectivas de las comunidades negras en el Pacífico, insignia de sus derechos territoriales y culturales en donde se promueve la generación de ingresos como contrapartida por la conservación de sus culturas y de la riqueza natural. La Orinoquía tiene gran potencial de implementar sistemas silvopastoriles, que permiten incrementar la productividad del ganado de manera sostenible en esta región, que cuenta con los principales hatos ganaderos del país. Campesinos de la región Andina pueden desarrollar sistemas agroecológicos y de agricultura familiar para la producción sostenible de alimentos y el fomento de la soberanía alimentaria. En el Caribe, indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta participan en sistemas de desarrollo rural incluyente a través de la producción de cacao.


Ahora nuestro reto como colombianos es fomentar modelos económicos alternativos desde las regiones. El desafío es inmenso, puesto que el sector extractivo proporciona recursos vitales para sostener las finanzas del país y son fuertes las presiones e intereses por mantener su dominancia en la economía. Sin embargo, Colombia es un país con gran diversidad ecológica, social y cultural que ofrece un sinfín de oportunidades para desarrollar modelos alternativos sostenibles que, ahora, más que nunca, cobran relevancia luego de evidenciar la vulnerabilidad del modelo extractivista durante la pandemia. Llegó la hora de que propiciemos el aprovechamiento sostenible de nuestros recursos desde las regiones colombianas, fortaleciendo las capacidades comunitarias y respetando los valores, culturas y derechos de los pueblos y la vocación de nuestros territorios.

Fundación Cooperación para el Fortalecimiento Regional en Colombia© 2020 

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