Interseccionalidad en Colombia:

un desafío necesario 

Editorial
Por: Equipo CFRC
10/09/20

Resulta complicado despertarse en Colombia.

 

Desde la firma del acuerdo de paz han sido asesinadas 971 líderes y personas defensoras de los derechos humanos. 

 

De los 971, 250 han sido indígenas

Es decir, más del 25% 

 

Según cifras del 2019, sólo el 4% del total de la población colombiana se identifica como indígena.

 

Más de 51 masacres han sido perpetradas en el territorio nacional en lo corrido de este 2020 y se concentran en regiones que históricamente han sufrido más la guerra.

 

27 de ellas han ocurrido en Nariño, Cauca y el Urabá Antioqueño

Territorios víctimas de la violencia.

 

En Bogotá la localidad más afectada por la COVID-19 es Kennedy, y no tiene nada que ver con que sean “vagos” o “revoltosos”, sino con las necesidades que perciben. 

 

A 2018 se registró que 657.069 personas que viven en esta localidad están vinculadas al SISBEN.

 

Desde el inicio de la cuarentena por la COVID-19, el número de denuncias por violencia de género ha crecido considerablemente.

 

En cuarentena se han presentado 243 feminicidios en Colombia.

 

Despertarse en Colombia todos los días requiere reconocer los privilegios y las limitaciones de cada uno de nosotros como colombianos. Requiere entender que no estamos parados en el mismo sitio y que para transformar el país es necesario identificar las intersecciones que se dan en nuestros privilegios y vulnerabilidades.

 

La interseccionalidad nace de la necesidad de poder percibir que aquello que es identitario también puede generar opresión. Las identidades colombianas se sobreponen, no sólo se es mujer, afro o joven, sino que se puede ser todas a la vez. Más aún, la interseccionalidad permite ver que, así como algunos pertenecen a grupos que han sido históricamente oprimidos, aquellos que -a causa de sus identidades- no viven ningún tipo de opresión deben situarse en una relación de privilegio hacia otros.

 

Vale agregar que la interseccionalidad es una forma de analizar cómo las personas, teniendo en cuenta su género, raza, etnia, edad, discapacidad y orientación sexual, se relacionan con el sistema de opresión, y cómo la intersección entre estas dimensiones permite comprender las necesidades y las capacidades de cada quien, así como sus realidades y sus experiencias. 

 

La interseccionalidad es una herramienta metodológica para nosotros y, ojalá, se convierta en una para todos quienes lean esta editorial, ya que al analizar desde la interseccionalidad los problemas sociales es posible ver la sistematicidad con la que las estructuras de dominación han atacado a ciertos grupos, y esto es necesario en la construcción de políticas que pretendan aliviar la brecha de desigualdades y evitar la discriminación. 

 

Aunque se han intentado crear políticas interseccionales o con enfoque diferencial en este país, es difícil creerlo con las cifras expuestas arriba... 

 

De nuevo, resulta complicado despertarse en Colombia.

Fundación Cooperación para el Fortalecimiento Regional en Colombia© 2020 

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