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¿Pasarlos o rajarlos?:

El dilema de los docentes en pandemia

Por: Paula Katherine Lozano Molina, filósofa de la Universidad de los Andes
Nicolás Hernández Gómez, docente en Tumaco con Enseña por Colombia
17/12/20

Antes, en noviembre y diciembre, los estudiantes se reunían frente a la sala de profesores para expresar preocupaciones y deseos respecto a sus notas. Ahora, a raíz de la pandemia, las frases más pronunciadas: “¿cuál es mi nota, profe?”, “profe, páseme”, “profe, yo le hago una recuperación”, se trasladaron a WhatsApp, llamadas y correos o incluso dejaron de escucharse.

 

Desde el inicio de la pandemia fue claro que venían meses de grandes dilemas educativos y de enormes esfuerzos para solucionarlos. En Colombia, desde mediados de marzo, las instituciones de todos los niveles de enseñanza suspendieron las clases presenciales. Esto constituyó el mayor reto para el sistema educativo del país debido a que, según el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, “el 96 % de los municipios de Colombia no podrían implementar lecciones virtuales debido a que solo el 37 % de estudiantes de colegios públicos tienen computador e internet en su casa”.

 

Si bien decidir cuáles estudiantes merecían aprobar o reprobar el año ya era un desafío enorme durante la extraviada normalidad, hoy, con la educación no presencial y el precario acceso a las clases virtuales, las decisiones se tornan mucho más complicadas.

 

“Hay estudiantes que no han enviado trabajos desde que empezamos con la virtualidad, pero sé que tienen capacidades sobresalientes y no merecen perder el año por una situación que se les sale de las manos”, expresa Carmen Beatriz Sánchez, docente del Liceo San Andrés de Tumaco, Nariño. Como ella, miles de profesores en Colombia han tenido que resolver el dilema de quiénes aprueban o reprueban el año y que además está rodeado por otras preguntas como: ¿Qué ocurrirá con los estudiantes que no lograron contactar por falta de conexión?, ¿es justo que algún estudiante pierda este año teniendo en cuenta las circunstancias actuales?, ¿qué factores hay que tener en cuenta para tomar estas decisiones?

Para resolver dichas preguntas, hablamos con cinco docentes de diferentes zonas de Colombia (Urabá, Guajira, Bogotá y Tumaco) que nos contaron cómo resolvieron este dilema y qué factores tuvieron en cuenta a la hora de calificar y decidir qué estudiantes merecieron pasar al siguiente grado.

La recursividad tiene límites 

En el resguardo indígena Inda Sabaleta, zona rural de Tumaco, se encuentra ubicado un colegio bilingüe –que tiene el awá como primera lengua y el español como segunda- donde Juan Fernando Restrepo Ortiz desempeña el cargo de profesor y ejerce la vocación del liderazgo comunitario. En la zona no hay señal estable de teléfono, mucho menos los servicios de internet satelital. “Hemos trabajado de manera totalmente asincrónica con los estudiantes -cuenta el docente-. Es decir, realizamos guías para que los estudiantes puedan desarrollarlas sin conexión en sus hogares. Además, programamos días para que ellos las recojan y tienen fechas flexibles para que las entreguen desarrolladas”.

 

Sin embargo, muchos de sus estudiantes viven alejados de la institución. Por eso, además de realizar llamadas y de pasar de voz a voz las fechas de entrega, los líderes indígenas del pueblo Awá se han encargado de entregar estas guías a los jóvenes de la región. Paralelamente, al noroccidente del país, más específicamente en la zona rural de Chigorodó, Antioquia, el docente Ray Sáez cuenta que “en nuestro colegio tuvimos contacto con el 100 % de los estudiantes. Ellos recogían los talleres en la institución en las fechas estipuladas y los docentes nos desplazábamos a las veredas para realizar la retroalimentación”. Esto se hizo con el fin de evitar los largos desplazamientos de los jóvenes hasta el colegio. “Mis ‘pelaos’ viven a entre una y seis horas de camino por trocha hasta la institución”, complementa Sáez.

 

Por su parte, el colegio de Carmen Beatriz Sánchez se encuentra en el casco urbano de Tumaco y ha desarrollado diferentes estrategias para llegar a los estudiantes. En primer lugar, están las clases sincrónicas que es cuando se conectan los estudiantes y los docentes mediante videollamada. Además, están las guías asincrónicas que se envían mediante WhatsApp y que permiten a los estudiantes con poca conexión desarrollar los aprendizajes de las clases. Adicionalmente, el colegio ha habilitado fechas para que los acudientes recojan guías físicas en las instalaciones y las entreguen en las fechas estipuladas. 

 

Pese a todas estas estrategias, Carmen Beatriz Sánchez afirma que “no he podido contactar a un 11 % de mis estudiantes. Algunos se fueron para el campo o simplemente decidieron perder el año”.  En otros casos, es particularmente difícil motivar y contactar a  los estudiantes ya que, según Ray Sáez, “en ocasiones los estudiantes entregaban los talleres incompletos o mal desarrollados debido a que, además del estudio, deben trabajar en las bananeras y hacerse cargo de sus hogares”. 

 

Los tres casos citados son ejemplo de las distintas estrategias que han implementado los colegios para contactar a la mayor cantidad de estudiantes posible. La recursividad y creatividad han permitido afrontar mejor la crisis de la educación en la pandemia. Sin embargo, las condiciones materiales impiden que esta recursividad llegue a todos los estudiantes. Las grandes distancias que deben recorrer para obtener sus guías y entregarlas, la imposibilidad de contratar un plan de internet o de tener los dispositivos necesarios o la inexistente conexión de las redes móviles han sido los límites de la recursividad y muestra de la desigualdad en el país.

Sin interés no hay conexión que valga

 

La falta de conexión es el problema más evidente que comparece cuando se piensa en la educación en la pandemia. Sin embargo, hay otro problema de casi la misma relevancia que enfrentan los docentes: la motivación y el interés por las clases. Esto lo ha evidenciado Laura Guzmán, docente del colegio Nuestra Señora del Pilar en Dibulla, Guajira. Ella afirma que “al comienzo no habíamos podido contactar al 70 % de los estudiantes, ahora bajamos esa cifra al 30 %. Sin embargo, hay estudiantes que prefirieron tomarse la pandemia como unas vacaciones. Aunque no se reportan en el colegio, los puedes ver jugando en el pueblo”.

 

Por su parte, Andrés Reyes, docente de un colegio de Bosa, Bogotá, vive una situación similar. Él afirma que “he tenido dilemas por la disposición de los estudiantes frente a los trabajos. Gran parte de los que reprobaron fue por temas de actitud porque a pesar de tener conectividad decidieron no hacer nada. Los estudiantes con peor conexión resultaron enviando más actividades y de mejor manera”.

 

Si bien en estos dos casos la conexión fue un reto, y probablemente lo seguirá siendo, no fue el mayor impedimento de algunos estudiantes para enviar las evidencias correspondientes. De hecho, pese a los esfuerzos de los docentes por contactar a sus estudiantes, la Ministra de Educación María Victoria Angulo, en el “Debate sobre el Estado de la Nación ¿Qué viene para Colombia en el 2021?” que se realizó el 3 de diciembre de 2020, dijo que aproximadamente 158 mil niñas y niños abandonaron el colegio durante la pandemia. Incluso, cuenta Carmen Beatriz Sánchez, hay acudientes que explícitamente le han dicho que “no van a enviar trabajos y que prefieren que sus hijos repitan el año”. 

Y es que, con tantas distracciones alrededor de los estudiantes, ¿cuál es el incentivo para que quieran asistir a clases?

¿Promoción automática o catástrofe?

 

Los cinco testimonios que recopilamos están enlazados por una preocupación central: cómo decidir cuáles estudiantes deben aprobar o reprobar el año. Especialmente, el dilema se centra en aquellos estudiantes que nunca se han podido contactar durante la pandemia, en aquellos que a pesar de tener conexión no envían evidencias porque no les interesa y en aquellos que se han podido conectar, demuestran interés, pero no tienen una forma de comunicación estable.

 

Erik D. Hirsch, profesor de la Universidad de Virginia Charlottesville y especialista en alfabetismo cultural, resume el dilema en la siguiente frase: "la repitencia tiene un efecto muy indeseable en los chicos que no pasan de grado, porque los coloca en una situación humillante. Pero la promoción automática, con fines sociales, para evitar que el chico abandone la escuela, es igualmente devastadora”. En caso de realizar una promoción automática, la calidad del proceso educativo puede disminuir debido a que no todos los estudiantes han tenido el proceso adecuado por las interrupciones de la pandemia.

 

El dilema se vuelve aún más problemático cuando el número de docentes contratados depende de la cantidad de estudiantes que continúen el siguiente año. “Esto es un gran dilema, dice la docente Laura Guzmán, porque la estabilidad económica del colegio también depende de la población estudiantil. Por eso, en caso de ser radicales con los estudiantes, corren peligro los trabajos de los docentes”. En su institución, la solución que han planteado es utilizar criterios flexibles que reconozcan cualitativamente las habilidades de los estudiantes que, pese a tener poca conexión, han podido demostrar interés y compromiso. Además, con aquellos estudiantes que no ha habido un proceso suficiente, se llega en común acuerdo con los acudientes para que repitan el año.

 

Por supuesto, los cinco docentes entrevistados tuvieron como eje central de sus decisiones el proceso educativo de sus estudiantes. Es durante la crisis cuando la recursividad y perseverancia de los colegios de todo el país ha dado mayores frutos. Sin embargo, queda abierta la pregunta acerca de qué ocurrirá el siguiente año en caso de seguir en la virtualidad, se resolverán los dilemas de la misma manera o surgirán otras formas.

Una crítica al sistema numérico en tiempos de crisis

 

El impacto de la pandemia en el sistema educativo logró que se reevaluara, a través de reflexiones y críticas, el sistema numérico tradicional para calificar el desempeño de los estudiantes. Los profesores tuvieron que recurrir a la participación escolar y las motivaciones de los alumnos para decidir internamente cómo calificarlos, siendo al mismo tiempo justos con los contextos particulares de cada uno y respondiendo ante la institución con el sistema numérico que se mantuvo.

La educación es necesaria, pero algunos de los valores que el sistema educativo actual promueve, como la competencia y la clasificación de los estudiantes por números que representan excelencia o deficiencia, debe ser cuestionado. El sistema actual hace sentir que los estudiantes fracasan cuando no obtienen ciertas calificaciones, en muchos casos el refuerzo de actividades no es suficiente y es necesario repetir el año escolar para asegurar el desarrollo curricular. La pandemia evidenció que la evaluación del desempeño numérico excluye el contexto, las emociones, las familias y los gustos de cada estudiante, y que todo esto influye enormemente en el aprendizaje.

 

Por otro lado, esta experiencia permitió que los profesores, que en la mayoría de los casos tienen acercamientos grupales con sus estudiantes, pudieran acompañar el proceso de aprendizaje de forma individual, siendo más cercanos por la necesidad de contactarlos uno a uno y comunicándose permanente con las familias. Con la pandemia exacerbando los problemas de desigualdad del país, el sistema educativo tuvo que despertar, al menos internamente, para darse cuenta de las necesidades de niñas, niños y jóvenes y, aunque administrativamente falta mucho, los profesores adoptaron formas de calificación que les permitieran ser comprensivos con las realidades de cada uno de sus estudiantes y al mismo tiempo ser exigentes con los resultados curriculares.

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Es difícil saber con certeza cómo la pandemia perjudicó o favoreció a los estudiantes, principalmente porque los niveles y ambientes de aprendizaje este año fueron muy distintos para todos, pero fue una oportunidad para ver con más claridad cómo los entornos particulares afectan a los estudiantes en su proceso de aprendizaje. Este año es en sí mismo una crítica al sistema numérico porque nos demostró que lo que pasa en casa, las dificultades propias del territorio, la movilidad, la conectividad y el interés por aprender deben ser tenidos en cuenta a la hora de calificar el desempeño de un estudiante y no solamente el resultado de una evaluación numérica.

A continuación se presenta la transcripción completa de las entrevistas realizadas a los docentes, desliza para ver cada pregunta:

Referencias 

- La Nación, 1999. Radiografía de la educación. Promoción automática, la otra cara de la moneda. Recuperado de: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/promocion-automatica-la-otra-cara-de-la-moneda-nid131854/ el 09/12/2020

- Semana, 2020. Los retos que plantea el coronavirus para la educación en Colombia. Recuperado de: https://www.semana.com/nacion/articulo/los-retos-que-plantea-el-coronavirus-para-la-educacion-en-colombia/659653/ el 09/12/2020

- Debate sobre el Estado de la Nación. ¿Qué viene para Colombia en el 2021? 2020. [video] El Tiempo. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=TRIgxQpwYpI&feature=youtu.be

- La educación prohibida. 2012. [video] Dirigido por G. Doin.

Fundación Cooperación para el Fortalecimiento Regional en Colombia© 2020 

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