Columna de opinión

La nueva normalidad

 

Por: Andrés Bernal Sánchez
16/06/20

Aparentemente a nivel global el reto de la pandemia está comenzando a ser superado. Países como Italia y España, que vivieron las peores crisis, ahora comienzan a recuperarse y a entrar en lo que hemos optado por llamar una nueva normalidad. A pesar de que en Colombia y Latinoamérica estamos aún escalando la curva, en varios lugares del país ya se están adoptando medidas para reactivar las actividades. Nos enfrentamos ahora a la pregunta sobre el después, ¿cómo es la vida post pandemia? Esa pregunta, que pareciera ser propia de este momento, no es más que una pregunta por cómo desarrollar un sistema social equitativo que esté en armónico balance con el planeta. 

 

El coronavirus es un golpe certero al capitalismo porque, como nunca antes, se hace evidente que el imparable sistema sí se puede detener, más importante aún, que es necesario que nos bajemos de ese bus que va directo hacia el barranco y nos subamos a otro. El cambio que hemos venido aplazando hace años ahora la pandemia nos lo pone como tarea obligatoria para aprobar el curso. La búsqueda por la sostenibilidad ahora ya no es una opción, sino es la única opción. 

 

Según datos de worldometers.info, el petróleo, principal motor de esta economía de consumo lineal de la que ahora hacemos parte, va a terminarse dentro de apenas 43 años, de continuar el actual ritmo de extracción. Lo mismo pasará con el carbón, al que le quedan 133 años. Entonces, el cambio de modelo económico no es el capricho de un grupo de abraza árboles, sino una necesidad vital, un reto de proporciones enormes y una oportunidad única. Como lo dijo Marina Silva, exministra de medio ambiente de Brasil (célebre por reducir la deforestación de la Amazonía brasilera en un 60%), en un conversatorio en la Universidad de los Andes, nunca antes hemos tenido la oportunidad de cambiar conscientemente el modelo económico bajo el cual nos regimos, de hacer una transición consciente y planeada hacia modelos no extractivos, sostenibles, alternativos que nos permitan establecer una relación armónica y balanceada con el medio ambiente. 

La experiencia de Marina como ministra, también nos muestra que, si bien es clave que haya un cambio en los hábitos de consumo individuales, sin la acción decidida del Estado va a ser muy difícil que podamos hacer la transición. Conociendo la diversidad de la riqueza de las regiones de Colombia, es evidente que tenemos un potencial enorme para desarrollar industrias agrícolas, manufactureras y de tecnología que abran la posibilidad de fortalecer la producción nacional y de reducir el impacto ambiental causado por la importación de productos. Pero no basta con tener el potencial, necesitamos de la voluntad del Estado para hacerlo.

 

Volver a la nueva normalidad no significa solamente usar tapabocas hasta para abrir la puerta, significa que si queremos sobrevivir como proyecto social, debemos encontrar una manera más equitativa de distribuir la riqueza, un método más efectivo de cerrar las brechas de desigualdad y de ampliar la visión de un proyecto sostenible, equitativo y limpio en el que quepamos todos. Si bien las pérdidas económicas que la pandemia ha traído hasta ahora son un golpe muy fuerte para todos, no podemos caer en la trampa de regresar desesperadamente a lo mismo.

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El cambio va a tomar tiempo. El coronavirus ha puesto en jaque al capitalismo y a sus principales beneficiarios, y es probable que ellos vayan a defender su capital a toda costa. Por eso es necesario cambiar el foco y entender que resistirnos a una cambio, que se revela cada vez más inevitable, es más perjudicial que reconocer que necesitamos cambiar nuestro sistema social y los valores que lo impulsan. La preocupación por la caída económica no puede ser mayor a la preocupación por las personas que mueren sin haber sido atendidas en la puerta de un hospital o por falta de un ventilador. El modelo tiene que cambiar, el dinero ya no puede ser más un fin y tiene que regresar a su estatus de medio. El coronavirus es la oportunidad de abrirnos a la posibilidad real de pensar una sociedad alternativa, de reorganizarnos y de concretar el cambio de paradigma que necesitamos si queremos sobrevivir como sociedad y como especie.

Fundación Cooperación para el Fortalecimiento Regional en Colombia© 2020 

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