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El olvido, la muerte y la necesidad de un Enfoque diferencial en el Magdalena

Por: Juan David González Rodríguez
Colaboración: Alejandra León
24/09/20

En el Río Magdalena, imponente ante los ojos que lo observan por su extensión de 1540 km y el carácter simbólico que le pertenece, confluyen dos fronteras que sin duda transforman la percepción del Río de acuerdo a su recorrido. La primera de ellas se ubica en la zona norte del Magdalena Medio, punto en que el cauce se diversifica en territorios cenagosos y el río Cauca desemboca en sus aguas. La segunda frontera está dada por un accidente geológico denominado el Salto de Honda, un raudal que dio vida a una relación entre la capital Santafé y el Río Magdalena, una relación ya existente entre los Muiscas y los Panche en tiempos prehispánicos con el comercio de sal y pescado.

 

En la frontera del Alto Magdalena y el Magdalena Medio se han configurado unas significancias históricas complejas y contradictorias de acuerdo con el sujeto que se relaciona con el río. Por una parte, las relaciones que se han entretejido entre el centro del país y la costa atlántica lo ha llevado a consagrarse en el imaginario colectivo como el ‘Río más importante de la nación’. Sin embargo, el Magdalena también está cargado de una historia de violencias y de divisiones departamentales. Estas tensiones se hacen visibles al centrarse en el punto geográfico del Salto de Honda, ubicado entre Cundinamarca y Tolima.

ADVERTENCIA

El siguiente contenido es escrito por un ser humano, hombre, ciudadano colombiano nacido en la Capital y antropólogo; entre otros roles sociales que le corresponden y, por tanto, reconoce sus sesgos inconscientes y conscientes para observar la realidad que habita en su día a día.

Hace unos días recordé las primeras frases que intercambié con un habitante del Salto de Honda. Él, con tono de preocupación, me dijo: “el pueblo también murió, aquí Honda no. Ya murió, ya no progresamos” (Comunicación personal, 2018). Su expresión me resultó impactante porque antes de llegar al encuentro con el río había leído varios títulos que me hablaban de lo próspera que había sido su economía medio siglo atrás y la actividad de la pesca artesanal como una de las más famosas cerca a la capital.

 

Durante los días siguientes retumbaban esas palabras en mi cabeza, mientras recorría sus calles, sus puentes, comprendía, a su vez, lo estratégica que era su posición geográfica para la conexión entre el norte-centro y sur del país, situación que me recordó las frases de Alfredo Molano refiriéndose a su raudal:

“Una falla geológica que desde entonces se conoce como el Salto, sobre el río Grande de la Magdalena, como se llamaba en tiempos coloniales, era la imperfección perfecta para que la vida brotara” (Molano A, 2011)

Y que me llevó a pensar en algo que no tenía en mente hasta ese momento, a saber, que esa conexión que resaltan los libros de historia estaba muriendo con la construcción de una nueva “ruta al sol”. Ante mis ojos se hallaba una muerte simbólica de habitantes de un puerto comercial dado que todos los visitantes y turistas se desviarán por Guaduas para evitar “El puente que unía Bogotá con la costa” y este también quedaría en el olvido.

Foto: Puente Andrade frontera entre Puerto Bogotá - Honda.

Pero la muerte seguía irrumpiendo mi camino, no contenta con mostrar un panorama desalentador para el raudal, me llevó a la palabra de pescadores “antiguos”, que me nombraban con insistencia y no menos preocupación las siguientes frases:

“Aquí habían subiendas que uno cargaba 30, 40 camiones, ya todo eso se acabó, esa es la pesca, entonces, de aquí a mañana, el pescado ya no queda, sino como dice el dicho, el río desocupado. Y ahora como que a este río lo van a… ¿cómo se llama eso? a canalizar, peor, peor más muerto eso. Y el pueblo que también murió, ya murió eso, ya no progresamos, esto quedó” (comunicación personal, 2018).

Con esta frase y el sonido indescriptible del raudal pensé que las obras de infraestructura como la ruta del sol y las hidroeléctricas, bienes necesarios para el grueso de la población colombiana, estaban perjudicando a esta población que vive del turismo y la pesca. Situación contradictoria si lo vemos en términos del progreso que habla el pescador “el país progresa, nosotros no lo hacemos”.

No solamente es una muerte simbólica, porque recordemos que en las subiendas y, sobre todo, en el raudal, los peces aprovechan para desovar y fertilizar el huevo por el movimiento. En esta época del año el río está “mermao”, es decir que los peces tienen menos agua para moverse, andan más juntos y tienen más vida. Por lo tanto, la terminación de la subienda es la muerte lenta de los peces y los pescadores.

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Dadas estas circunstancias tan desafortunadas, los pescadores “antiguos” (Término utilizado entre los pescadores para referirse a los de mayor edad) le dicen a sus hijos “vayan y estudien porque el río ya no da para vivir”. Es la muerte que se acerca por el olvido de un arte y la vejez de quienes lo practican por las dinámicas de un territorio complejo. 

 

En ese momento, sin saberlo, me acercaba a una frontera invisible. Los hijos que después de su partida buscaban el olvido casi voluntario de un territorio fragmentado, encontraban resguardo en territorios ajenos donde ya no eran la esperanza de su gente, sino los súbditos de los que detrás de un escrito creen tener la respuesta a un mundo mejor en territorios desconocidos.

 

Escritorio en el que inclusive me siento yo. Fui consciente un día cuando un pescador “antiguo” me había citado para entrevistarme con él. Con el objetivo de que la entrevista no tuviera esa intención (pregunta-respuesta) quise llegar 15 minutos antes para preguntar por su salud y su vida en general, pero el señor en ese momento se encontraba buscando leña para cocinar y mi acción casi natural fue ayudarle a traer los palos. En tono de reclamo me dijo “Doctor, usted que es de Bogotá no tiene que hacer eso, eso déjeselo a nosotros los pobres”. Una frase tan cotidiana que pierde la fuerza real de su pronunciación y que retrata una nueva frontera.

 

El ser bogotano me da la potestad de ser escuchado y, por tanto, que mi voz tenga resonancia en el contexto ajeno. Autoridad dada por el término “Doctor” que indica una relación de poder que no construí con él, sino por las relaciones históricas que nuestros territorios han construido de forma sutil y que resultan imperceptibles pero contundentes.

 

A mi modo de ver la situación, esta experiencia resalta una violencia oculta en la cual ninguno de los dos era culpable, pero que sin lugar a dudas habitaba entre los dos por la desigualdad de condiciones que analicé anteriormente y otros factores que me lastima aún más recordar. Esto, de nuevo, me llevó a pensar en la muerte y el olvido.


Y es que también desde la década de 1970 en el “Magdalena Medio” existe una región de la violencia con el crecimiento exponencial del desplazamiento, la muerte y la desaparición forzada a mano de grupos armados. La muerte se convirtió en el pan de cada día y el territorio, en medio de la zozobra que genera la violencia, encontró en los cementerios un espacio de comunicación con sus muertos y aquellos muertos que bajaban por las aguas del Magdalena, los N.N que se bautizaron en Puerto Berrío y otros municipios de la zona donde se encuentran epígrafes tales como “Gracias por los favores recibidos”.

Foto: Epígrafe de N.N Bautizado en Puerto Berrío Antioquia.

Quiero recalcar que vivimos en un país amnésico de la violencia, donde un muerto más o un muerto menos da igual porque “Si lo mataron fue por algo”, “Por lío de faldas” o un cínico “De que me hablas viejo”. Pues viejo, acá yo hablo de la muerte metafórica de una comunidad que queda rezagada a las políticas de desarrollo estatales e internacionales a falta de un enfoque que dé cuenta de las realidades diferenciadas que existen en el país. Lastimosamente este punto es uno más del montón que espera respuestas de un centro egoísta.

Referencias

Molano, A. (2011). Historia estancada en el Magdalena: Honda. Periódico El Espectador 6 de Noviembre de 2011.

Cano, L. (2020). Tres Mujeres: Tres relatos del conflicto en el Magdalena Medio. Recuperado de: https://pares.com.co/2020/09/13/tres-mujeres-tres-relatos-del-conflicto-en-el-magdalena-medio/

Fundación Cooperación para el Fortalecimiento Regional en Colombia© 2020 

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