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Reportaje

Riesgo de una posible crisis humanitaria

en el departamento del Amazonas:

Reporte del estado de casos en el municipio de Leticia

Investigación y redacción:
Camila Pacheco Bejarano
Colaboradores YAUDA*:
Diana María Suaza Correa
Juan Pablo Saidiza 
Colaboración escrita:
Erik Sánchez Vega, indígena múrui muina
Diseño:
Camilo Fique
05/05/20

El departamento del Amazonas es el más grande de Colombia. Con 109.665 km2 de área y extensas fronteras con Perú y Brasil — 1626 km y 326 km respectivamente — ha sido posible evidenciar el alto grado de vulnerabilidad que poseen las poblaciones de la región frente a la pandemia del COVID-19. Alrededor de 24 pueblos indígenas habitan en este departamento, los cuales poseen una alta posibilidad de contagio dada la ineficiencia o, en otros casos, ausencia de centros médicos con infraestructura apta para atender la emergencia, la falta de personal médico capacitado y los insumos de bioseguridad requeridos para enfrentar posibles casos de contagio en las áreas más aisladas.

 

Desde los diferentes entes organizativos de los pueblos indígenas, se han realizado pronunciamientos exigiendo planes de contingencia y mitigación del virus con enfoque diferencial como: la adecuación de los centros de salud presentes en los corregimientos, el facilitamiento de recursos teniendo en cuenta el contexto diferencial (étnico, de género y territorial), dotación de insumos a las comunidades que ayuden a prevenir los casos de contagio y un apoyo humanitario a la población indígena.

 

Es importante señalar que, a la fecha, el contexto regional trifronterizo es muy alarmante. Para el 4 de mayo se registraron 23 casos positivos y 3 muertes en el poblado de la isla de Santa Rosa, Perú; y 232 casos positivos y 9 muertes con un alza de casos de manera exponencial diariamente en el poblado de Tabatinga, Brasil. 

 

Tras haber prohibido el ingreso y tránsito entre Leticia, Tabatinga (Brasil) y el municipio de Santa Rosa (Perú), el 17 de abril del 2020, se registra el primer caso de COVID-19 en un joven de 26 años residente en la ciudad de Leticia. 

 

Reportado el primer caso, y después de imponerse las medidas de salubridad, los residentes de las 3 ciudades fronterizas continuaron con sus actividades cotidianas de frontera. Comerciantes provenientes de Brasil continuaron abasteciendo los mercados de los poblados vecinos y, de igual manera, sucedió con la población de Santa Rosa, donde las personas continuaron cruzando la frontera que delimita el río Amazonas.

 

El 20 de abril, con 6 casos registrados, se presenta la renuncia masiva y pública del equipo médico del Hospital San Rafael de Leticia, quienes denunciaron al alcalde del municipio, Jorge Luis Mendoza, por no dotar al personal médico con los equipos de bioseguridad necesarios. A las pocas horas, el alcalde emitió un comunicado notificando que los equipos de bioseguridad médica se habían recibido desde el sábado anterior, logrando así el reintegro del cuerpo de salud al Hospital. 

A la fecha, el Hospital San Rafael de Leticia cuenta con 68 camas hospitalarias, 8 camas de cuidados intermedios y 0 camas de cuidados intensivos [1]. Por otro lado, en el municipio vecino de Puerto Nariño, no hay ningún hospital habilitado o en funcionamiento, hecho que también ocurre en el resto de las 9 áreas no municipalizadas.

 

Para el 24 de abril, ya se habían registrado 14 casos, entre ellos, 1 caso confirmado en la comunidad indígena Tikuna de Zaragoza, según noticias El Tiempo. Este diario oficial también reportó al menos 3 muertes de indígenas en Brasil, una de ellas de un joven de 15 años del pueblo indígena Yanomami. Estos reportes generan un alto grado de alarma entre las autoridades indígenas colombianas, por lo que se empiezan a solicitar de manera urgente acciones de prevención y mitigación para las áreas alejadas de la región amazónica.

 

En la mañana del 26 de abril, se registra un incremento exponencial en el reporte de casos, 40 personas contagiadas y 2 muertes. Una cifra que duplica los casos en tan solo 2 días. De esos 40 casos, 34 aún residían en sus casas, 5 estaban hospitalizados y 1 persona se encontraba en cuidados intensivos. Agregado a esto, se esperaba la confirmación de 145 casos probables de COVID-19, de los cuales 4 ya estaban hospitalizados. 

 

Mambe Digital, plataforma de noticias de Leticia, reporta la muerte y abandono del cuerpo de un hombre en las calles de Leticia. Allí se relata cómo el hombre habiendo presentado la sintomatología del virus, no recibió ninguna respuesta y/o atención por parte del hospital San Rafael, razón por la cual la familia toma la decisión de llevarlo cargado al centro médico. Pese a los esfuerzos, la persona muere en el camino y su cuerpo es dejado en la calle durante 4 horas hasta que el personal encargado lo transporta directamente al cementerio.

 

Para el 29 de abril del 2020 los casos confirmados de COVID-19 en el departamento del Amazonas eran de 104 y 5 fallecidos. Esta cifra alarmante puso en estado de alerta a las Autoridades Indígenas del departamento, la Gobernación del Amazonas y la Alcaldía de Leticia, quienes demandaron apoyo del gobierno. Ese mismo día, la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) entregó insumos, camillas y transportaron 60 cajas de alimentos en apoyo a la campaña #ColombiaEstáContigo, iniciativa del Gobierno Nacional con la que se busca entregar canastas alimentarias a familias del Amazonas durante el aislamiento obligatorio. 

 

Para el 30 de abril ya había ocurrido la primera intervención del gobierno nacional. En un avión de la FAC fueron transportados 26 profesionales de la salud, junto con dos pelotones y un Escuadrón Móvil Antidisturbios para “fortalecer” la seguridad en Leticia [2]. También se hizo entrega de cuatro ventiladores para el Hospital San Rafael de Leticia y una máquina de procesamiento de pruebas para el Laboratorio de Salud Pública del Amazonas, el cual fue validado por el Instituto Nacional de Salud (INS) [3].

 

Ese mismo día, la Alcaldía de Leticia decretó toque de queda en la ciudad a partir del medio día del viernes 1 de mayo, hasta el lunes 4 de mayo a las 6 de la mañana. Este decreto fue tomado por la Alcaldía como una respuesta al aumento de casos y prevención del contagio durante los días festivos. Sin embargo, su implementación fue forzada e intimidante, haciendo cumplir el toque de queda y la permanencia de las familias en sus casas, con fuerza militar y policial. En la misma noche de este día, falleció el abuelo Tiapuyama, conocido como Antonio Bolívar, indígena ocaina y uitoto, protagonista del Abrazo de la Serpiente, que hasta el momento residía en Leticia. Este fue uno de los primeros casos confirmados de fallecimiento por COVID-19 para la población indígena.

 

El 1 de mayo, la Superintendencia Nacional de Salud ordenó la intervención forzosa para administrar el Hospital San Rafael de Leticia por el término de un año bajo el cargo de un nuevo agente especial interventor [4], luego de concluir una fase de seguimiento en la que se identificaron fallas de tipo administrativo, financiero, asistencial y jurídico. Esa misma tarde, la Clínica de Leticia (entidad privada diferente al Hospital San Rafael de Leticia) da de alta a cuatro pacientes recuperados del COVID-19, estas son las primeras personas en recuperarse del virus en el Departamento del Amazonas. 

 

Para el 2 de mayo, el Instituto Nacional de Salud reportó 136 casos positivos de contagio en Leticia. Esa misma noche, fuertes lluvias ocasionaron el desbordamiento del río y, por consiguiente, la inundación del barrio Simón Bolívar. Varios leticianos/as por medio de las redes sociales denunciaron que esta es una problemática que tiene alrededor de 12 años, y es una de las razones estructurales por las que la población leticiana no puede cumplir con la cuarentena.

 

En la tarde del 3 de mayo, se realizó la “intervención forzosa” en el Hospital San Rafael de Leticia, por parte del Ministro de Salud, Fernando Ruíz Gómez. De esta intervención se conoce poco hasta ahora, sin embargo, fueron contratados 4 médicos y 3 enfermeros jefes. También fueron entregados 3 ventiladores junto con elementos de bioseguridad para el Hospital San Rafael de Leticia. 

 

En días anteriores, el Ministro Ruiz afirmó que iban a “fortalecer el cerco y hacer un ejercicio de capacitación a las poblaciones indígenas” [5], cosa que no se abordó durante su visita. Además, anunció que durante la próxima semana llegarán 3.500 unidades de gel, 3.500 tapabocas y 3.500 guantes para pueblos en zonas fronterizas, y para el personal de salud 500 jabones, 625 hidratantes corporales y 125 protectores solares (Prensa MinSalud). La misma noche se confirma la primera persona contagiada en el municipio vecino de Puerto Nariño, se trata de una mujer que aún se encuentra en estado asintomático.

 

El 4 de mayo la Gobernación del Amazonas anunció que seguirán cumpliendo con el apoyo del Programa de Alimentación Escolar (PAE) en las Áreas No Municipalizadas (ANM) del departamento. Esta entrega se realizará por medio de la Secretaría de Educación Departamental, quienes harán llegar los alimentos a los debidos rectores de cada institución educativa, donde serán distribuidos a cada familia que se encuentre dentro del programa. 

 

A la fecha, aumentan los casos de contagio en el departamento, alcanzando un total de 229 casos positivos. Además de esto, se confirmaron las muertes de tres pacientes hombres por el virus, lo que lleva al aumento de 13 casos por fallecimiento. 

 

La necesidad de aumentar la capacidad del sistema para la vigilancia y seguimiento de la pandemia es, sin duda, la más importante medida que debe asumir el gobierno en esta región. Además, la dotación de recursos humanos y logísticos, para tener la posibilidad de dar frente a esta situación se hace necesaria, con el fin de diseñar estrategias específicas de pruebas de tamizaje a todas las personas de las poblaciones afectadas y vecinas estableciendo los estudios de contacto y sistemas de parentesco entre ellas. 

 

Como menciona la Organización de la salud, SINERGIAS, la estrategia de vigilancia institucional debe estar respaldada por procesos de inteligencia epidemiológica comunitaria en articulación con las Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas (AATIS). Esto con el sentido de informar a las comunidades, identificar posibles casos de contagio y realizar un seguimiento y rastreo de contactos con el fin de establecer acciones de aislamiento domiciliario y demás medidas de prevención [6].  

 

La pervivencia física y cultural de los pueblos indígenas del Amazonas está íntimamente vinculada con la protección especial de los hombres y mujeres mayores que portan el conocimiento ancestral, debido a que son los responsables de su enseñanza a los más jóvenes. Esta crisis humanitaria pone en alto riesgo a estas personas y, por tanto, al conocimiento étnico que ha sido transmitido por generaciones desde hace siglos.

 

Es imperativo lograr una comunicación clara y constante con las Autoridades Indígenas de la región, en donde se establezcan protocolos de prevención y mitigación para los pueblos indígenas más apartados en la región. Para ello, es necesario desarrollar estrategias de comunicación con mensajes claros y concretos en contenido, bien sea con imágenes o en las lenguas, con el fin de que los diferentes pueblos conozcan sobre el virus y su sintomatología, las medidas de prevención y distanciamiento social que deben acatar, el manejo de personas y mercancías que provengan del exterior, el manejo de los cadáveres, etc. 

 

Tanto la seguridad alimentaria como la salud en las comunidades depende del trabajo conjunto entre las entidades territoriales y los sistemas de conocimiento étnicos, que en ejercicio de su autonomía, abuelos sabedores y médicos tradicionales, determinaron que se harán brigadas de medicina tradicional para prevenir y mitigar la pandemia. También, se construirán jardines botánicos en las comunidades para la medicina propia. 

 

Es necesario resaltar que las zonas de frontera nacional se han ido perfilando como focos de contagio dado el constante intercambio y movilidad comercial propio de la cotidianidad. Es por esto que se exhorta a los países fronterizos para que se establezcan protocolos claros a nivel regional y local que permitan afrontar este tipo de situaciones de manera conjunta, coherente y articulada a la problemática actual.

   

Es claro que en la frontera no hay un plan de contingencia eficiente para trabajar conjuntamente entre los tres países, pero cada persona puede evitar que el virus se propague de manera rápida, para eso debe cumplir con un estándar mínimo de precaución y prevención. El COVID-19 ya llegó a los dos municipios del Amazonas en donde cada día se presentan más contagiados, mientras que en las Áreas No Municipalizadas (ANM) aún no ha llegado y se puede evitar. Lo fundamental es conocer los verdaderos riesgos que genera el virus, debido a que en la mayoría de los Territorios Indígenas no se tiene claridad del impacto que podría llegar a tener en la población. Asimismo, los centros de salud no cuentan con implementos necesarios de bioseguridad para hacerle frente a la pandemia.

Desde las Asociaciones o Cabildos Indígenas es pertinente que se tenga un plan acorde y eficaz para resguardar al territorio y la población, ya que la población indígena a lo largo de la historia ha sido susceptible a las pandemias. Esto también es un llamado al Gobierno Nacional y Departamental a que no sea diferente a las problemáticas que probablemente se avecinan en estos territorios. Si se toman medidas desde ya, el impacto podría ser menor.

Que este momento de coyuntura sea una oportunidad para fortalecer los sistemas de salud del territorio amazónico y que las inversiones que son requeridas para ello garanticen un cierre frente a la brecha de inequidad y desigualdad que han sufrido históricamente las regiones fronterizas.

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*La Fundación Yauda de Estudios Amazónicos acompaña y fortalece los procesos comunitarios impulsados por los pueblos amazónicos y de la Orinoquía a través de la investigación e intervención comunitaria.

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