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Transformación social en territorio de conflicto por medio del empoderamiento femenino

Por: Juanita Delgado Rodríguez 
08/10/20

En Colombia, la labor de la mujer rural [1] y su contribución al ejercicio ambiental, político y socioeconómico ha sido por muchos años invisibilizado. La economía a nivel territorial era clasificada como inactiva porque las mujeres y niñas han cumplido culturalmente labores de cuidado y en espacios domésticos. A esto se suma su situación de desigualdad social vista desde los índices de pobreza, necesidades y problemas del territorio. Sin embargo, los últimos índices e investigaciones del DANE han demostrado que las mujeres representan una proporción sustancial de la fuerza de trabajo agrícola y administrativa. 

 

Según el Censo Nacional Agropecuario de 2018, el 92% de las mujeres participa en labores domésticas, mientras que solo el 57% de los hombres lo hace. De esta forma, las mujeres dedican más horas al trabajo doméstico sin recibir remuneración y se dificulta su participación en actividades de empoderamiento económico fuera del hogar. Según Isabel Saenz, “Los trabajos domésticos y de cuidado no solo crean valor, sino que además permiten que otros miembros del hogar salgan al mercado laboral remunerado, así que de cierta forma representan una transferencia dentro del hogar de quienes hacen el cuidado a quienes salen al mercado laboral” (Sáenz, 2015). Teniendo en cuenta lo anterior, las fuertes discriminaciones hacia la mujer rural, reducen el acceso a las oportunidades lo que dificulta replantear su rol en los espacios domésticos y productivos, esto promueve la participación paritaria de la mujer en escenarios de toma de decisión como asambleas comunitarias y comités de participación social. 

 

Ahora bien, otorgar a las mujeres el derecho a los recursos económicos en condiciones de igualdad, como acceso a la propiedad y al control de tierras, indica las barreras que hay para la mujer rural. La discriminación de género reduce el acceso a bienes económicos y préstamos, además limita la participación en el diseño e implementación de políticas sociales y económicas. Lo anterior supone que las mujeres son altamente vulnerables a los choques económicos, lo que las convierte en el principal objetivo de la pobreza multidimensional. Ante este panorama, la forma en que las mujeres pueden llegar a desarrollar sus capacidades es mediante la educación, la participación laboral, la superación de la pobreza y la participación política. Por ende, es pertinente estudiar las contribuciones que desde los diferentes contextos y problemáticas han guiado proyectos organizativos y comunitarios enfocados en los aspectos ambientales y socioeconómicos.

 

A continuación, se presentan dos casos de generación de ingresos en el contexto rural que ayudan a la economía familiar y a la igualdad de oportunidades de liderazgo en todos los niveles decisorios en la vida política y socioeconómica. De cara a lo que implica el aporte económico y social se identificó que las experiencias de las mujeres rurales desarrollan alternativas que impulsan modelos de economía propia, vinculada a la agenda del Estado y a la de cooperación internacional, además promueven la defensa de los derechos humanos y la vida digna para ellas y sus comunidades.

Acueducto comunitario “Acualaska” Guadalajara Buga, Valle del Cauca

 

El acueducto comunitario de la vereda Alaska, ubicado en Guadalajara de Buga, Valle del Cauca, evidencia un proceso de liderazgo comunitario de las mujeres y de gestión autónoma para la protección del agua y del acceso al recurso hídrico para la comunidad.

Vereda Alaska, Municipio de Guadalajara de Buga

En la tarde del 10 de octubre de 2001, en la vereda Alaska, varios hombres fueron asesinados por el grupo paramilitar identificado como las AUC. A partir de esto, las mujeres experimentaron un cambio en el rol que desempeñaban dentro de la comunidad. Ellas tenían gran capacidad de liderazgo, no solo en el hogar, sino tanto en áreas políticas y administrativas como en la creación de proyectos productivos. 

 

De tal modo que las mujeres se hicieron responsables de las labores que comúnmente desarrollaban los hombres, entre ellas el manejo del acueducto comunitario. El sistema de acueducto construido a partir del trabajo comunitario y administrado por la Junta de Acueducto estaba compuesto por hombres, con una participación minoritaria de las mujeres, en donde realizaban especialmente tareas como secretarias. Según la investigación “Gestión del recurso hídrico y perspectiva de género: agencia y cambio institucional en dos acueductos rurales” de Viviana Granados

La participación femenina en la gestión era marginal y no se encontraba dentro de los intereses principales de las mujeres hacer parte de la toma de decisiones o manejo de la Junta, su interés principal era el de contar con el abastecimiento en sus hogares para cumplir con sus tareas domésticas y sus responsabilidades en el cuidado de la familia (Granados, 2018).

A raíz de este suceso, se generó una reapropiación de los acueductos como un espacio dirigido por las mujeres, quienes reivindicaron otras formas de trabajo no doméstico ni productivo, en labores como la constitución de la Junta Directiva mayoritariamente femenina y la fontanería, que eran trabajos considerados solo para hombres y que, al llevarse a cabo por ellas, han contribuido al debilitamiento de las inequidades de género presentes en la división del trabajo.

Los que nos quedamos seguimos trabajando, inclusive nos tocó muy fuerte porque el primer desplazamiento fue en bandada. Los que nos quedamos en ese momento fuimos muy poquitos y por la ola invernal se nos acabó el acueducto en dos ocasiones, se borró del mapa y no volvió a bajar agua y no tuvimos agua por dos meses; nos tocaba bajar como se podía y por unos tubitos y eso era horrible. Eso nos dimos a la tarea de reconstruir los que quedamos, ancianos, mujeres, niños cargamos ladrillos, de todo (Mujer miembro del Acueducto).

En la gestión del acueducto comunitario se evidencia que, más allá de la gestión administrativa, ha sido un proceso que da cuenta de la organización social, económica y política alrededor del recurso hídrico como bien común que debe ser protegido por la comunidad para su uso apropiado. En este sentido, “el acueducto se convierte no solo en una respuesta para el acceso, sino en una plataforma para la reivindicación como víctimas, la incidencia a nivel municipal y el ejercicio de poder en su territorio” (Granados, 2018). Esto permite permear una agenda de desarrollo sostenible bajo los proyectos alternativos que plantean las mujeres en el territorio y, de manera puntual, la participación frente al gobierno, el sector privado y la sociedad civil.

 

Este proceso contó con el apoyo del Estado y de cooperación internacional, donde el proyecto Agua Potable y Saneamiento Integral Rural de la Embajada Suiza en Colombia, Ayuda Humanitaria y Desarrollo (COSUDE), ha sido fundamental en el fortalecimiento de capacidades técnicas, rendición de cuentas e inversión en el desarrollo de las y los trabajadores. Por lo anterior, “el rol de las mujeres en el reconocimiento de los derechos de la organización ante entidades locales, territoriales y nacionales ha sido fundamental desde la iniciativa de su legalización y la participación en proyectos para la gestión de recursos para infraestructura y fortalecimiento de capacidades” (Granados, 2018). El hecho de que las mujeres se apropien de la gestión del acueducto y la toma de decisiones relacionadas con el agua, mejora la calidad de vida de las mismas y de la comunidad en general.

 

La apropiación de los acueductos comunitarios por parte de las comunidades es uno de los procesos más difíciles. Sin embargo, generar conciencia sobre los procesos de potabilización y acceso del agua, así como el tratamiento de aguas residuales, ha sido uno de los objetivos de Acualaska, pues consideran que la gestión debe integrar la educación de la comunidad. Es por esto que, dentro de la gestión del acueducto, se encuentra tanto posibilitar el acceso al agua potable para el trabajo productivo como para el trabajo doméstico y las labores diarias de cada individuo de la comunidad.

En la masacre perdimos a niños y hombres que participaron de la reconstrucción inicial del acueducto y ya quedamos pocos con el desplazamiento y ya nos tocó fue a mujeres y a ancianos hacernos cargo. Nos tocaba venirnos hasta bien de noche porque la manguera se nos perdía y nos tocó luchar a todos como comunidad porque ya no había fontanero, pero nos tocó duro (Fontanera del acueducto).

Ahora bien, se considera que el acueducto comunitario como un espacio liderado por mujeres es una materialización de la lucha por la igualdad de género. En este sentido, el trabajo del acueducto está contribuyendo a la reivindicación del trabajo de las mujeres en otras áreas y a la igualdad de género, así como el empoderamiento político y económico.

 

“La ciudad de las mujeres” Turbaco, Córdoba

 

La experiencia situada en el municipio de Turbaco, Córdoba sobre la construcción de viviendas titulado “La Ciudad de las Mujeres” expone un modelo de desarrollo por parte de las mujeres víctimas del conflicto armado. El proyecto estuvo a cargo de la organización la Liga de Mujeres Desplazadas y el apoyo de cooperación internacional como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) y cooperación Española, para el financiamiento de las viviendas, destacando la capacitación de topografía, elaboración de mezcla y construcción para la elaboración de las mismas. 

 

El colectivo La Liga de las Mujeres Desplazadas es el resultado de convergencia y reflexiones en un escenario de luchas y debates por la construcción de paz en Colombia. Su enfoque está basado en tres principios: justicia social, democracia y soberanía. A partir de esto, el colectivo se ha proyectado en los procesos organizativos de movilización social encaminados hacia la construcción de escenarios de poder popular y empoderamiento de la mujer. El colectivo se describe de la siguiente manera:

Somos mujeres organizadas porque entendemos que si bien existe exclusión, explotación y la idea de que pocos tienen mucho y muchos tenemos poco; somos las mujeres quienes soportamos en gran medida el peso del conflicto, hemos sido desarraigadas de nuestros territorios, hemos visto morir a nuestros esposos, hermanos, hijos y en consecuencia no solo hemos tenido que asumir afectivamente nuestras familias sino que hemos tenido que llevar el peso económico solas; además nuestros cuerpos han sido los escenarios de guerra, violencia sexual, física, simbólica y sicológica directamente asociada con el conflicto (Liga de las Mujeres, 2015).

Lo anterior expone el concepto de brechas de género, específicamente el rol de víctimas y sujetos políticos. Dentro de las experiencias de estas mujeres se evidencia la desigualdad de género y la formación de la lucha contra del sexismo, machismos, patriarcado, capitalismo, racismo y cualquier forma de discriminación.


Debido al conflicto armado que vivió Colombia desde hace más de 50 años, las mujeres de Turbaco se propusieron construir una ciudad para el futuro que no atravesara situaciones de narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, armas o comercialización de piedras preciosas. El pilar se situaba en la aceptación de normas de no violencia, negociación y solidaridad las cuales debían ser aceptadas por todos los hombres si querían ser parte de la ciudad, en donde además debían participar en escuelas de formación, capacitaciones, representación política y del proyecto liga de jóvenes para construcción de paz en su comunidad. El vídeo Crónicas #9 de la Unidad de Víctimas, cuenta cómo las mujeres que residen en Turbaco lograron convertir en realidad la Ciudad de las Mujeres, un proyecto de vivienda con 100 casas en el que dejaron atrás las precarias condiciones en las que vivieron por años.

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La ciudad de las Mujeres, Turbaco Córdoba FOTO

A pesar de que la construcción de la ciudad fue en una posición pacífica, provocó una serie de actos violentos, las mujeres fueron amenazadas y atacadas de forma física, el centro comunitario fue incendiado, vivieron por un tiempo bajo la intimidación, les arrojaron cadáveres a la tierra que cultivaban y asesinaron a un miembro de la comunidad encargado de cuidar la fábrica de ladrillos con los que construían la ciudad. 

 

Es importante resaltar el quehacer político y social que hacen las organizaciones de mujeres en la identificación de temas estratégicos para romper desigualdades de género, promover el empoderamiento político y la eliminación de violencia debido a su relación en el territorio, afectaciones por el conflicto armado y situaciones de pobreza. Estos factores les permiten a las mujeres generar tejido social, paz y desarrollo en cada uno de sus territorios. 

 

Basado en un enfoque diferencial, estas mujeres representan y promueven la defensa de la diversidad, reconociendo las diferencias existentes históricamente producto de la discriminación y exclusión que particularmente son muestra de un grupo poblacional que, por sus condiciones, su género y el ser víctimas del conflicto se encuentran en vulnerabilidad. Sus proyectos buscan combatir la injusticia y la inequidad comprendidas a partir del enfoque diferencial, mediante el desarrollo. 

 

La mujer colombiana ha sido víctima de distintas formas de opresión y discriminación, en términos de raza, genero, etnia, discapacidad, edad y demás categorías sociales, es entonces como a partir de la interacción de los distintos factores la mujer es mira de prejuicios, fomentando la injusticia sistemática y la desigualdad social. Ahora bien, “la mujer rural, se enfrenta a continuas limitaciones estructurales que le impiden disfrutar plenamente de sus derechos humanos y dificultan sus esfuerzos por mejorar sus vidas y las de aquellos a su alrededor” (FAO, n.d.). Esto se evidencia en la dificultad de acceso a las infraestructuras en zonas rurales, la desigualdad, las barreras para la educación universal y el acceso a salud en general, pero particularmente a la salud reproductiva.

1 Las mujeres rurales desempeñan una función clave de apoyo a sus hogares y comunidades para alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional, generar ingresos y mejorar los medios de subsistencia y el bienestar general en el medio rural. Contribuyen a la agricultura y a las empresas rurales y alimentan las economías tanto rurales como mundiales” (FAO, n.d.).

Referencias

Fonseca Galvis, A. M.Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer. (n.d.). Informe de empoderamiento económico de las mujeres en Colombia. Situación actual y recomendaciones de política. http://www.equidadmujer.gov.co/oag/Documents/informe-empoderamiento-economico-mujeres-colombia-situacion-actual.pdf

 

Granados, Viviana (2018) Gestión del recurso hídrico y perspectiva de género: agencia y cambio institucional en dos acueductos rurales en el municipio de Guadalajara de Buga departamento Valle del Cauca. Facultad de Estudios Ambientales y Rurales. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, Colombia. Recuperado de: https://repository.javeriana.edu.co/bitstream/handle/10554/36134/Mar%C3%ADa%20Viviana%20Granados_Desarrollo_Rural_tesis.pdf?sequence=2&isAllowed=y

 

Las 2 Orillas. Turbaco: el pueblo de Colombia en donde mandan las mujeres. (2017). Recuperado de: https://www.las2orillas.co/la-ciudad-colombia-donde-solo-mandan-las-mujeres/

 

Liga de las Mujeres (2015). Recuperado de: https://ligadelasmujeres.wordpress.com/

 

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). (n.d.). La mujer rural y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Retrieved Octubre 06, 2020, from http://www.fao.org/3/an479s/an479s.pdf

 

Sáez Astaburuaga, Isabel. “El horizonte de la igualdad de género. Colombia y Cuba frente a los retos

del cuidado”. Serie Asuntos de Género. Santiago de Chile: Naciones Unidas, CEPAL, 2015.

Fundación Cooperación para el Fortalecimiento Regional en Colombia© 2020 

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